Habitar la ciudad

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Propuesta para el diálogo urbano en un gobierno local

Antecedentes: la política de vivienda como “reducción del déficit”

Por: Raúl Araya (Arquitecto)

Desde la creación del MINVU en 1967 su principal preocupación ha sido la “disminución del déficit habitacional”. Para lograrlo se han implementado diversos programas que segmentaban el problema según la urgencia de la “solución” y según los recursos destinados. Así el periodo de gobierno de la Concertación, se inicia en continuidad con la política subsidiaria de la dictadura, manteniendo la construcción masiva de vivienda básica, construida desde el SERVIU, de las cuales se estima que en el período 1986-1994 se habrían construido alrededor de 400.000 unidades de vivienda que han multiplicado los problemas sociales derivados del hacinamiento, el deterioro material de las edificaciones, la falta de espacios de esparcimiento, la falta de integración urbana dada su ubicación en las periferias y fundamentalmente la falta de belleza. En este tipo de lugares la vida urbana no puede prosperar, porque no está integrada a la ciudad. Allí la sociedad está ausente, también el Estado.

El último gobierno de la Concertación se inicia bajo el signo de la Nueva Política Habitacional, que pretendía resolver el problema de la calidad y la integración en la política de vivienda. Para ello son fundamentales el desarrollo del Fondo Solidario de Vivienda (FSV) y el programa de intervención barrial Quiero Mi Barrio. En la lógica de que los proyectos debían estar integrados a la trama urbana, se promovió el subsidio a la localización, que agregaba hasta 200 UF al subsidio base, lo que permitió acercar los nuevos proyectos a la urbe consolidada, aunque también fue objeto de especulación con los suelos, los que subían sus precios hasta ocupar el máximo de las 100 UF destinada a la compra de terrenos, independiente del valor de mercado que esos suelos tuvieran. El incentivo funcionó al comienzo, pero luego el propio mercado de suelos se encargó de hacerlo ineficaz. El resultado en general es que se construyeron algunos buenos proyectos con participación de la comunidad y atendiendo a las condiciones especificas de su origen, sin embargo la mayoría de los proyectos continuaron siendo grandes conjuntos estandarizados, construidos repetitivamente.

Por otra parte y atendiendo a los “barrios” más críticos y vulnerables del país, se promueven el eje de la participación social en el desarrollo de una cartera de proyectos. Sus resultados aún no son objeto de una evaluación sistemática, pero salvo excepciones con inversiones de gran magnitud como es el caso de Placilla, el resto de los barrios vio poco avance, resultando en general en un programa de pavimentaciones o de sedes sociales, que no han cambiado asertivamente la lógica de empoderamiento vecinal, permaneciendo en una relación clientelista y poca perspectiva de futuro.

El eje del “desarrollo urbano” que debiera atender al modo como se desarrolla la ciudad y su relación con el territorio, bajo una lógica nacional de desarrollo, termina frecuentemente en la elaboración de normativas como los planes reguladores o planes intercomunales, como el de Valparaíso que sobrepasa los 19 de tramitación, sin lograr poner de acuerdo los diferentes intereses económicos a la base de su desarrollo, porque el objetivo principal de dichos planes sigue siendo la incorporación de suelos al área urbana y no un modelo de desarrollo territorial y urbano.

Desde 1976, fecha en que se liberaliza el suelo urbano, éste, desde la lógica de la especulación como bien escaso (el suelo urbano no puede reproducirse) y desde la lógica de la acumulación y formación de capital (territorios en los márgenes urbanos que son propiedad de pocos dueños), es que el resultado ha sido el crecimiento inorgánico de la ciudad, aumentando la segregación social y espacial, con graves consecuencias para el desarrollo de una comunidad democrática, dado que cada segmento social habita sus propios ghettos, alejados e incomunicados unos con otros. Valparaíso, una ciudad progresista que introdujo novedades de desarrollo urbano como la conducción subterránea de aguas de las quebradas, el agua potable y alcantarillado o la iluminación de las calles, cosas que ocurrieron antes que en otros lugares del país, ha pasado de ser una ciudad arruinada, sin diversidad social, sin servicios de educación y salud adecuados, de la cual las clases medias emigran permanentemente (primero a Viña del Mar, luego a Quilpué y Villa Alemana y actualmente a Curauma).

CAMBIO DE PARADIGMA: ¡LA CIUDAD PARA SUS CIUDADANOS!

Los pocos buenos proyectos que se realizaron en el marco de la NPH demuestran que es posible resolver el conflicto de calidad y cantidad, siempre y cuando cambie el paradigma desde la “reducción del déficit” en lo habitacional o del “plan regulador” en lo urbano a un paradigma que reconozca la ciudad y la vivienda como parte de un conjunto de acciones orientadas por objetivos de mediano y corto plazo que se centre el “habitar lo humano”. En efecto, los seres humanos somos esencialmente seres creativos que vivimos e integramos un mundo como totalidad, en una relación determinada con la naturaleza y con lo social como construcción histórica. Si esa relación se centra en un individuo aislado el resultado jamás será la formación de comunidades y sin esta forma de integración lo social queda reducido a ocupar los mismos espacios sin generar relaciones que permitan la creación y desarrollo de las capacidades de cada uno, las que sólo pueden ser potenciadas socialmente. Esta demanda de sociedad, de comunidad, de responsabilidad de los unos por los otros es parte esencial de lo que hemos visto en el último tiempo en los movimientos estudiantiles y sociales y por tanto estimamos, no requiere otra demostración.

A manera de propuesta para el diálogo, se estima que algunas condiciones básicas para la recuperación urbana de Valparaíso serían las siguientes:

En lo general:

  • FORTALECIMIENTO DE LAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS para terminar con el clientelismo y el personalismo con que la ciudad ha aumentado su deterioro.
  • Articular un PLAN DE DESARROLLO PRODUCTIVO que atienda al menos a los tres ejes que movilizan la ciudad: el puerto, las universidades y el turismo. El principal objetivo de una propuesta urbana es la recuperación de valor para la ciudad. Las fortalezas y oportunidades para la ciudad deben ser objeto de un intenso diálogo ciudadano e institucional.
  • PATRIMONIO E INNOVACIÓN. Las dinámicas urbanas son complejas, por lo que deben contener tanto el resguardo cultural que el pasado lega como patrimonio como la voluntad de cambiar e innovar para mejorar las condiciones de vida urbana.

En lo específico:

1. RECUPERACIÓN DEL MAR PARA LA CIUDAD. Puerto y ciudad son el origen de Valparaíso, la articulación de ambos debe estar en la perspectiva de una nueva épica urbana, en que el acceso al borde sea un atractor urbano, que determine distintas formas de valoración del mar: turismo urbano y cultural en el borde junto al plan, recreación y valoración de la naturaleza en el acceso sur de la ciudad, incluyendo a Laguna Verde, en continuidad con el borde norte. El borde costero y el borde interior de la ciudad (Placilla y Curauma, borde superior de los cerros), deben potenciarse mutuamente como dos modos, en que el mar y lo verde son el núcleo de la diversidad natural y espacial de la ciudad.

2. RE-CREACIÓN DE ESPACIOS PÚBLICOS COMO CIRCUITOS URBANOS. Se requiere el desarrollo de un “plan urbano” destinado a conservar, recuperar, potenciar y crear espacios públicos y comunitarios de calidad, en el plan y en los cerros, basado en la existencia un patrimonio urbano y arquitectónico valioso (ascensores, miradores, balcones, escaleras y rincones, etc.). Dichos espacios deben acentuar su condición de circuitos urbanos que recuperen para el habitante y el visitante la circulación y el recorrer la ciudad como valor patrimonial, territorial y cultural. La condición de sustentabilidad de dichos circuitos es la participación de la comunidad en los proyectos, la que se articula según la escala e impacto espacial de ellos.

3. NUEVO PLAN HABITACIONAL. Desarrollo y promoción de un plan habitacional público y privado que retenga y atraiga a los habitantes para la ciudad y que considere las diferencias de ésta en zonas de mayor y menor valor patrimonial, de modo que la tradición y la vanguardia urbana y arquitectónica vuelva a ser el principal valor de la ciudad. El concepto fuerza es “habitar la ciudad” y debe reemplazar a la mera “solución habitacional” o la vivienda como unidad sin compromiso urbano. Vivienda, barrio y ciudad son un continuo, por lo que una mejor calidad de la residencia promueve el mejoramiento y acceso a una diversidad de espacios públicos y de servicios (educacionales, de salud y culturales). Se deben generar los incentivos y medidas destinadas a la recuperación del centro urbano, sea en el plan o en los cerros, para detener el creciente deterioro material de las edificaciones, con la consecuente pérdida de valor urbano y patrimonial para la ciudad. La ciudad es más importante que el interés privado especulativo que impide la renovación de importantes sectores de la ciudad.

4. CREACION DE UNA RED DE INFRAESTRUCTURA CULTURAL. Crear, desarrollar y fortalecer la infraestructura cultural, tanto pública como privada, centrada en la coordinación con las universidades regionales, para hacer de la ciudad, efectivamente la capital cultural del país, recuperando su historia como origen de la modernidad americana. La cultura también es espacial, y ella debe ser reconocida para ser accesible. Valparaíso dispone de una masa crítica que demanda crecientes niveles de complejidad cultural, el gobierno local debe ponerse al frente de la creación de la red que construya una adecuada oferta cultural.

(La distinción entre qué es inversión directa del Estado y el municipio y qué es una política de promoción o incentivos, requiere de la articulación de la totalidad de las propuestas que indique las prioridades de un gobierno local y de la optimización del período de gobierno)

La mejor ciudad es la que retiene al habitante, la que cuida de él, para que él cuide de ella. Es la que acoge y no maltrata. La experiencia muestra que cuando las acciones en la ciudad son cuidadosas y bellas, la ciudadanía agradece.

¡Recuperar la ciudad para sus habitantes es cambiar el paradigma!

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