Ahora es la hora

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(19 de abril, 2012)

Ladrones de cuello y corbata son liberados. Grandes fraudes al fisco se consideran inocentes fallas administrativas. El inepto presidente de Chile firma decreto que abre la puerta a la privatización del litio. Parlamentarios suben vergonzosamente sus sueldos. Ex presidentes, parlamentarios, jueces y rangos superiores de las fuerzas armadas reciben pensiones que superan decenas de veces a la de la mayoría de los trabajadores.

Cuando la gente de nuestro país rechaza con altos porcentajes a los partidos políticos tradicionales, tiene razones fundadas. Algo huele muy mal en una institucionalidad que se cae a pedazos, porque quienes se benefician de ella son los mismos que hacen esfuerzos por mantenerla.

Los sostenedores de una cultura basada en trampas aleves, en marullos, en “arreglines” y negociados, rebuscan cientos de argumentos para que la gente siga creyendo y aceptando que despertarse todos los días con miedo a perder el trabajo es normal, que hacer malabares para pagar la luz y el agua es un destino inmodificable, que no se tiene más alternativa que agachar el moño a los jefes y patrones porque la cesantía implica no pagar el dividendo o las tarjetas de pedir fiado y que te esclavizan. Y no te atreves a preguntar al dirigente sindical porque pasa tanto tiempo en la oficina del jefe.

Esta sensación de inseguridad que abarca todos los planos de la vida viene generando un hastío insano. Ver que unos y otros mienten con descaro e impunidad, que otros se aprovechan de tu esfuerzo, que quienes han prometido te traicionan, y que los que ganan son los mismos de siempre. Nunca nosotros.

Se hace necesario despertar del letargo, la modorra en que el sistema nos ha dejado. Y que lo hagamos saber, en dónde se pueda y sea necesario.

Rechazar al que te traiciona, hacer uso de la libertad para entregar nuestra opinión y voto, sacarse el miedo y convencerse que los que mandan están ahí porque alguien votó por ellos.

Nadie puede ser feliz aguantando al que lo explota. Exigir los derechos, reclamar, pelear es vivir dignamente, así sea que cueste. Esta es una manera de educar a los niños/as. Usemos la calle no sólo para transitar, sino para reclamar el derecho a ser hombres o mujeres libres y dignos.

Por nuestra parte, hemos asumido la tarea en esta necesaria resistencia. Nos hacemos cargo del descrédito de una cultura que rechazamos y ofrecemos una alternativa de construcción nueva.

Y no tememos que ponernos al frente. Queremos colaborar a que el descontento mayoritario se exprese de la mejor manera. Creemos que se hace necesaria una Nueva Fuerza para vincular el discurso con la acción, única conducta válida y consecuente.

Avanzar en el convencimiento que lo que nos rodea es de pertenencia colectiva y que es necesario recuperarlo para el goce y la dicha de quienes vivimos en este espacio, que debemos nuclear una fuerza que enfrente y rechace las acciones centralistas y monopólicas, darle luz verde a la participación y a la recuperación de la decisión y soberanía de la ciudadanía, movilizar y pasar a la ofensiva para que la economía y sus derivados estén diseñados a escala humana.

Es necesario y urgente que las reservas empiecen a calentar, que los que se fueron para la casa vuelvan, que los que creen que hay que hacer algo dejen de mirar al sistema por televisión, y se sumen al esfuerzo de muchos otros.

Es hora de jugársela junto a otros para soñar una nueva patria, justa y digna, para todos.

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