Es la hora de atreverse para no llorar después

(29 de mayo, 2012)
La tarea de hoy tiene que ver con la disputa del poder local. Entender otra cosa sería tirar al tacho de la basura el trabajo de todo el año anterior y las movilizaciones que aparecen en el horizonte.

El sentido común indica que por más movilizaciones que hagamos y por más masivas que sean, si no se cuenta con la voluntad de disputar el poder a aquellos que lo han detentado por demasiado tiempo, nada tendrá futuro.

Necesitamos una convicción transformadora para hacer de nuestros afanes un ejercicio imperecedero, que apunte a cambiarlo todo, que sea capaz de desprenderse de los actuales administradores y sostenedores del sistema que han entendido que la política sólo tiene sentido si es para su propio beneficio. Es lo que ha hecho la derecha y la Concertación.

Sin una genuina y legítima vocación de poder para la gente, seguiremos llevando agua para el mismo molino de siempre. Si seguimos sin escucharnos, convencidos de que nuestra opinión es la única, bajo la premisa de tener la razón absoluta, sin dar pie a la posibilidad de llegar al consenso necesario, no tiene sentido que hagamos mucho más.

Se manifiesta la apatía, el aburrimiento, la desidia en la gente cuando no le queda más alternativa que optar por alguno de los representantes del duopolio político archiconocido por sus huellas abominables. En Valparaíso, y quizás en todas las ciudades, la gente común tiende a dejarse llevar por las ofertas endulzadas y no asume la decisión de querer cambiar las cosas mediante su compromiso personal. Deja esas decisiones a otros.

Hemos hecho el esfuerzo de contribuir a cambiar las cosas. Para el efecto, levantamos nuestra candidatura independiente, la cual, por el imperio de la ley, debe asumir la tarea de juntar mil firmas para sólo tener la opción de ser candidato. Hasta ahora, las firmas reunidas con suerte superan el 10% de lo requerido.

Si las movilizaciones han sido tan masivas y el rechazo a los partidos tradicionales supera el 60%, ¿cómo explicarse que no más de 200 ciudadanos acudan a dar su apoyo a los candidatos independientes de la ciudad, que representan precisamente ese mismo rechazo.

Uno podría pensar que es una osadía representar el sentir ciudadano. Y que los representantes de aquello que la mayoría rechaza están en otras candidaturas. Lo extraño es que se trata de las mismas propuestas, los mismos nombres y las mismas promesas.

Sabemos que nuestra cruzada no es algo fácil. Sabemos que debemos combatir en desiguales condiciones con los representantes del sistema. Más duro aún, debemos enfrentarnos a una sociedad traumada, que aparece con ganas de cambiar las cosas pero llegado el momento de asumir ese cambio, le parece mucho más cómodo reclamar sin arriesgarse a lo nuevo, a construir desde la diversidad.

Las disculpas, lamentos y arrepentimientos no servirán después si se elige por más de lo mismo, aunque parezca el mal menor.

Jorge Bustos

www.nuevafuerza.cl

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