Un paraíso que resiste la fea codicia

ValparaisoLa belleza es una prolongación de nuestros sentidos aferrados a la vida más digna y placentera posible, a la felicidad que todo hombre y mujer merece. Así, al transformar la naturaleza, de por sí bella, intentamos que los cambios sean acordes y que prolonguen lo que la Tierra ya nos ofrece a destajo. La codicia es contraria a esa natural búsqueda humana, arrasa, destruye, afea, hace rectas las suavidad de las curvas, todo por acumular en pocas manos lo que en verdad es de muchos.

Valparaíso es agredida por las inmobiliarias con sus edificios que quitan el sol y la vista al mar a los vecinos más antiguos. Para ello cuentan con permisos de edificación aprobados dos días antes de que se pusiera en funcionamiento el plano regulador que limita la construcción en altura.

Del mismo modo observamos la proliferación de centros comerciales, como supermercados, que a la vista de muchos pueden parecer símbolos de modernidad, pero que también significa la muerte de cientos de comerciantes de barrios y, por lo tanto, cesantía. Una modernidad que no hace más que esconder con su significado aparente la concentración monopólica del abastecimiento.

Junto a otros, he dedicado casi diez años de mi vida a detener la construcción del Mall Puerto Barón. Sin embargo, por un problema de medios y de tiempo (y hasta probablemente de ausencia de exquisitez estética), no nos habíamos fijado en la estilizada y llena de innovadoras técnicas de construcción de la estación puerto que incluso llegó a tener premios y reconocimientos por esa “bellísima línea arquitectónica” que no se diferencia en nada al Mall construido en el Puerto de San Antonio y que apabulla los tan “simples” edificios patrimoniales a que estamos acostumbrados. Una ironía que nos enfrenta en realidad a lo feo del mercado v/s lo hermoso de la Humanidad.

¿Por qué se comete este tipo de aberraciones? ¿Quién las autoriza? Las respuestas tienen que ver con varios, entre ellos, las organizaciones gremiales (como el Colegio de Arquitectos) que no cumplen su cometido, con la excepción de un par de profesionales que entienden que sus conocimientos deben también estar puestos al servicio de defender la belleza de nuestra ciudad. Igualmente responsable de afear el paisaje es esa casi enfermiza costumbre de ciertos “servidores” públicos de faltar notablemente a sus deberes y dejar que se viole la ley y las normas. Es el caso de Gloria Basualto, actual Seremi de Transportes, quien solo acusa la falta de estudio de impacto vial que exige el plano regulador de nuestra ciudad, para inaugurar y poner en funcionamiento un supermercado en la estación puerto.

Para el poder de los dueños de Unimarc no hay normas ni regulaciones que controlen su expansión; en ello cuentan con el silencio adquirido en los pasillos públicos, donde autoridades en bloque miran al cielo, como suplicando perdón por el daño realizado, lo que no hacen con el simple ciudadano quien debe hacer infinitos trámites, por ejemplo, para construir una ampliación en su casa. Sabemos que en el supermercado de la burocracia estatal la ley pareja no existe, pues el trato a un poderoso dista mucho del que se impone a un vecino.

Con sorpresa relativa hemos escuchado en estos días a Basualto decir: “Se le ha pedido a Unimarc que haga el estudio (…) sin embargo, dicho estudio no ha sido ingresado a esta secretaría regional ministerial”. Sin embargo, el supermercado se inauguró y alguien lo permitió. ¿Quién fue?

Esta es otra, de la misma señora a cargo de la Dirección de Obras del municipio (DOM) quien, superando la legalidad con cualquier argucia, entrega sus aportes a los poderosos de la ciudad, sabiéndose que no se procede con las investigaciones y denuncias que las autoridades deben realizar.

A confesión de parte, no hay relevo de prueba. Aquí está claro que Gloria Basualto incurre en un impresentable abandono de deberes y tiene que ser removida de su cargo, no sólo por mirar para el cielo y no pedir las sanciones en contra de quienes contravienen las normas de construcción, sino también porque no ha resuelto los problemas de transporte que los porteños vivimos a diario, porque la Seremi no hace cumplir las frecuencias a quienes licitaron los recorridos. Cuando un servidor se debe a los privados y no a su pueblo, no debe llamarse público ni gozar de los privilegios que la ciudadanía le da, menos si no valora la belleza de un Patrimonio de la Humanidad.

Jorge Bustos
Dirigente de los Trabajadores Portuarios
Ex candidato a Alcalde de Valparaíso

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